El nombre lo dice todo: Guatavita, como el lago sagrado muisca. En estas montañas de Antioquia, una familia cultiva con la misma reverencia que inspiró el nombre. La historia de cómo comenzó todo.
Antes de que existiera Moramay como marca, existía la Finca Guatavita. Un nombre que lleva el peso de la historia colombiana y la promesa de una tierra que da café extraordinario cuando se le cuida con paciencia.
Guatavita es el nombre del lago sagrado muisca, el lugar donde los rituales del “El Dorado” encontraron su morada. Es también el nombre que José Vidal Galeano le dio a su finca, no por casualidad sino por convicción: creer que la tierra guarda algo valioso, y que recuperarlo exige tiempo, respeto y trabajo.
La familia Galeano ha cultivado café en las laderas de Pueblorrico desde 1985. Lo que comenzó como una finca de café convencional fue transformándose generación a generación. José Vidal, de la tercera generación, decidió dar el salto hacia la especialidad en 2018: comenzó a estudiar fermentación, a perfilar lotes y a tratar cada cosecha como una expresión artística.
En 2023, la marca tomó forma. Moramay —un homenaje a la madre de José Vidal— nació para conectar la Finca Guatavita con las mesas de quienes valoran el origen. Raíz fue el primer café: un Honey que representa la tierra, la dulzura y la paciencia. Rubí llegó después, para mostrar el lado más expresivo y complejo de la misma finca.
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