
Hay cosas que no se aprenden en una clase. La manera de leer el color de una cereza, de saber cuándo el suelo pide descanso, de intuir que este lote va a ser diferente. Esas cosas se aprenden viviendo la tierra durante décadas.
José Vidal Galeano Velásquez es agricultor de tercera generación. Creció entre cafetales en las laderas de Pueblorrico, Antioquia, a 1.900 metros sobre el nivel del mar. Lo que él sabe sobre café no está en ningún libro: está en sus manos, en su calendario de cosechas, en la forma en que recorre la Finca Guatavita cada mañana.
Tres generaciones, un solo compromiso
Pero José Vidal no es un agricultor tradicional. Decidió que cultivar bien no era suficiente — quería entender el café en profundidad. Estudió fermentación, experimentó con procesos y transformó la Finca Guatavita en un laboratorio de excelencia donde cada variable importa y cada decisión tiene un por qué.
El resultado: lotes con más de 83 puntos SCA, procesos de fermentación controlada de hasta 120 horas y una identidad de terroir tan marcada que cualquier catador puede reconocer de dónde viene el café con solo olerlo.
La Finca Guatavita
A 1.900 metros sobre el nivel del mar, rodeada de niebla y biodiversidad, la Finca Guatavita es donde comienza todo. El suelo volcánico, las noches frías y la dedicación de su agricultor crean las condiciones para un café de carácter único e inconfundible.
Cada grano que sale de aquí lleva mi nombre porque lleva mi tiempo. No hay otra forma de hacerlo.
Honey Raíz de 72 horas. Cofermentado Rubí de 120 horas. Cada proceso diseñado para revelar lo mejor de un terroir que José Vidal ha cuidado durante toda su vida.
En Moramay llevamos su nombre en cada bolsa porque cada lote lleva su tiempo, su criterio y su historia. No hay intermediarios entre su trabajo y tu taza.








